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Cuando lo nacional no acaba de morir y lo

federal no termina de nacer

Como cuando alguien tiene tan a la vista un

objeto que incluso es incapaz de percibirlo, son

numerosas las ocasiones en las que los análisis

sobre la Unión Europea (UE) como construcción

autónoma tienden a olvidar lo obvio: que sus

decisiones y su desarrollo institucional y compe-

tencial guardan una relación directa con los

cambios que experimenta la coyuntura de cada

uno de sus Estados miembros.

Ha sido así siempre, como muchos ejemplos

demuestran a lo largo de sus sesenta años de

historia. Pero, paradójicamente, es ahora, en el

momento en que la unión se ha profundizado

políticamente como nunca y los perfiles federales

empiezan a apreciarse nítidamente en su rostro,

cuando los vaivenes de la situación política de

sus estados miembros parecen sentirse con más

fuerza, y no precisamente para bien.

Pueden buscarse varias explicaciones a ese

hecho, entre las que cabría señalar las siguientes:

– La deriva intergubernamental activada du-

rante la crisis favorece que los Estados traten

de estar más presentes que antes de la mis-

ma en el proceso de toma de decisiones de

la Unión.

– Los países miembros (28) son tan numerosos

que necesariamente crece la disparidad en-

tre sí en lo referido a historia reciente, fun-

cionamiento del Estado, sistema de partidos,

estructura económica, cultura y opinión pú-

blica.

– La inexistencia de un liderazgo europeo con

una

autoritas

reconocida por todos los

Estados miembros provoca que la multiplica-

ción de nuevos cargos comunitarios no con-

lleve necesariamente una dinámica homoge-

neizadora de las voces nacionales.

– El surgimiento de fenómenos que provocan

respuestas nacionales primarias termina

La coyuntura política

de los países europeos:

entre las amenazas

y las oportunidades

José Manuel Albares, Carlos Carnero y Antonio Villafranca