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EL ESTADO DE LA UNIÓN EUROPEA

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Europeo (BCE). Con razón, el pacto fiscal se tilda cada vez más de ser un

“coste que no aporta ningún beneficio” y no se pueden ignorar los costes

sociales y políticos de la política de austeridad. Asimismo, en lugar de

disminuir, la heterogeneidad macroeconómica de los Estados miembros

de la zona euro ha aumentado, lo cual se refleja en la brecha cada vez

mayor entre el incremento de los déficits y de los superávits de la balanza

de pagos.

Déficit social

: además de los desequilibrios apuntados, existe una des-

igualdad cada vez mayor entre los diferentes países. La política sindical/

progresista que constituía el buque insignia de la Europa social no ha teni-

do especial impacto político hasta el momento, mientras que, al mismo

tiempo, los procesos de liberalización y flexibilización de la integración del

mercado interno y de la moneda común, tal y como se han concebido

hasta ahora, están debilitando las previsiones del estado de bienestar na-

cional, reduciendo la normativa progresista en materia de legislación labo-

ral y fomentando la presión sobre los salarios.

Déficit democrático

: en una crisis, el gobierno debe asumir responsabi-

lidades. El dilema entre la necesidad de una toma de decisiones a nivel

europeo y el establecimiento de una legitimidad a nivel nacional se ha in-

tensificado en los últimos años. El paisaje político de la UE está siendo

transformado por esta crisis entrelazada con la ola de refugiados y el mie-

do que producen los actos terroristas. Consecuentemente, el populismo se

está convirtiendo en una fuerza en crecimiento a lo largo de Europa.

Manifestado en sus vertientes de derecha o de izquierda, el nacional-po-

pulismo “defiende” a los pobres frente a las élites y el neoliberalismo o,

de manera alternativa, a la identidad nacional del país frente a los islamis-

tas y los extranjeros, fomentando la xenofobia. Los partidos europeos tra-

dicionales han ido perdiendo terreno, tanto hacia la izquierda como hacia

la derecha. No han sido capaces de mantener su combinación equilibrada

de integración y versatilidad. Es más, no han encontrado una solución para

el creciente sentimiento sobre las fronteras: una gran parte de la población

se siente inquieta ante las fronteras abiertas y la ola migratoria de personas

con un contexto religioso e ideológico y unos valores completamente di-

ferentes a los suyos. Una parte de la población ya no se siente representa-

da cultural y políticamente y es necesario recuperar las instituciones nacio-

nales y europeas de democracia representativa.

La renacionalización, combinada con recomendaciones irreflexivas so-

bre la zona euro existente o la recomendación de que los Estados miembros

deberían volver a perseguir un camino nacional, no son de gran ayuda. Las

consecuencias de dicha no-integración serían difíciles de calcular. En el lar-

go plazo, las bases de la vida europea, caracterizada por la democracia, la