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maltrechas a demasiadas personas. Además, para esta operación de acoso

y derribo de la UE se ha utilizado, con alarde de demagogia, la trágica

cuestión de los refugiados y de los emigrantes. Así, con el fin de obtener

votos, se lanzan campañas contra el peligro que supone la llegada de los

“extraños”, en base a mentiras o posverdades, que viene a ser lo mismo.

Se fomenta la xenofobia, la identificación inmigrantes-terroristas, en un

discurso que hace estragos entre amplios sectores populares dañados por

una globalización excluyente que se presenta como el origen de todos los

males.

A lo anterior hay que sumar un estado de bienestar –educación, sani-

dad, pensiones etc.– que, si bien ha resistido los embates de la crisis y

cuenta con un apoyo sólido entre la ciudadanía, se ha erosionado en casi

toda Europa no solo debido a la política económica practicada sino, tam-

bién, al fenómeno de la elusión/evasión fiscal que debilita la capacidad

tributaria de los Estados e impulsa la creciente deuda de algunos de estos.

Parece evidente que el cambio de administración en EE. UU. no ha sido

una buena noticia para los europeos. En el poco tiempo que lleva Donald

Trump en el despacho oval ha golpeado en todas las direcciones, desqui-

ciando líneas de actuación que la política exterior americana tenía estable-

cidas desde hacía mucho tiempo. En la OTAN, en la Unión Europea, en

México, en Oriente Medio, en el conflicto palestino-israelí o en Irán, China

y Rusia. Con este escenario no serán fáciles en el futuro las relaciones

trasatlánticas. No obstante, también se abren nuevas oportunidades para

la UE en el terreno internacional. Una de ellas es la relación con

Latinoamérica. La política de Trump hacía México es una agresión a todo

el continente y sería un error dejar que el vacío que se pueda producir lo

llenen otras potencias que no se mueven con los mismos valores que los

nuestros. Es una ocasión para estrechar lazos con Iberoamérica, concluir el

acuerdo con Mercosur y acompañar una evolución positiva en Cuba.

En otro orden de cosas, también en temas de seguridad y defensa la

Unión debería avanzar. Aparte de las declaraciones sobre la obsolescencia

de la OTAN, lo que ha venido a plantear la nueva administración nor-

teamericana es un apoyo a la misma siempre que la paguen mucho más

los europeos, pero para seguir haciendo, en esencia, la política de EE. UU.

La UE está abocada a tomar iniciativas en esta área, aún con las dificulta-

des que pueda plantear el

brexit

, para no encontrarse un día desasistida o

teniendo que seguir políticas con las que no esté de acuerdo. Ganar auto-

nomía estratégica es una necesidad perentoria.

Una buena noticia fue, sin duda, la firma de los acuerdos de París sobre

el cambio climático. Su puesta en práctica es esencial para el futuro de la

humanidad y conviene hacer todo lo posible para evitar que alguna potencia

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