CINE Y PEDIATRIA 8

208 Cine y Pediatría [394] presentación a la directora: “Le presento a Ícaro. Pero creo que prefiere que le llamen Calabacín” . Y todos sus enseres son una cometa (que le recuerda a su padre) y un bote de cerveza (que le recuerda a su madre). •  La confesión en tono de amistad del compañero que lo acosaba al principio, una historia familiar a cada cual más trágica. La confesión de Simon a su amiga Camille: “A veces sueño que soy mayor y que estoy con mi madre. Ella sigue hablando sola y bebiendo cerveza. Y yo también bebo mucho. Me alegra saber que eso no pasará nunca”. •  Y cuando Simon y Camille son adoptados por Raymnod, surge una reflexión de Simon al ver llorar a Camille: “¡A veces lloramos porque estamos contentos!”. •  Y la carta final (y colofón): “Querido Simon. Decías que el hospicio era para quienes no tienen a nadie que los quiera. ¡Pero te equivocabas, porque nosotros no te hemos olvidado! Y tampoco hemos olvidado a los demás”. La vida de Calabacín no ganó el Oscar. Pero algunos críticos opinan que es la mejor película de animación europea (y del mundo) de 2016. Y que al verla se coge el riesgo de morir de ternura, con ese don de reivindicar la inocencia como implacable arma para conjurar el dolor, para reconstruir la infancia maltratada. Y con valor añadido que no podemos obviar: en la película subyace una defensa de las infraestructuras que, como los asistentes sociales, policías y orfanato, intentan compensar publicado: sábado 29 de julio de 2017

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