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CAPÍTULO 5.

TRASTORNO DE ALIMENTACIÓN ORGÁNICO

niños por igual. Cada niño es un ser individual y especial que debe recibir una

atención única acorde a sus propias necesidades.

Si el niño está sano y sigue un proceso de maduración típico, no va a comer

más por hacer todos los juegos o actividades propuestas aquí ni en otro

manual. En un desarrollo típico, los niños pasan por épocas en las que comen

mayor o menor cantidad de comida, épocas en las que muestran claras

preferencias por algunos alimentos y rechazan otros y épocas en las que

demuestran mayor o menor autonomía. Respetemos estos procesos naturales

de maduración para no crear una patología por no haber esperado los tiempos

naturales de desarrollo.

Cuando hay instaurado un problema de alimentación, la valoración, la

planificación del tratamiento y su seguimiento deben ser supervisados por un

especialista en alimentación, ya sea médico, terapeuta ocupacional, logopeda,

fisioterapeuta o psicólogo para que, de este modo, pueda ser adaptado de la

forma más individual a las dificultades y necesidades del niño.

Posibles problemas médicos y metabólicos

En ciertos casos encontraremos de base una enfermedad orgánica, intolerancias

o alergias a valorar a nivel médico. En estos casos el niño presenta alguna

enfermedad médica que impacta directamente en la ingestión, la tolerancia, o

la digestión de los alimentos. Este tema se trata en el capítulo correspondiente

del manual.

En otros casos podemos encontrar un daño cerebral congénito o adquirido

que altera el funcionamiento de las diferentes partes del cuerpo y dificulta la

deglución, la postura o los movimientos del niño. El niño podría tener dificultades

para comer porque su cuerpo y su sistema musculoesquelético no le facilitan

el proceso de introducir o manejar los alimentos tanto con sus manos como

dentro de su boca.

Alteraciones motoras o sensoriales

Las personas contamos con siete sistemas sensoriales a través de los

cuales, si no existe un daño estructural en ellos, como puede pasar en una

ceguera, percibimos, procesamos e integramos la información que nos permite

relacionarnos con el entorno y llevar a cabo todas nuestras actividades diarias.

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